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Mostrando las entradas etiquetadas como insight

Sinestesia Musical

Hubo una época en que (él) le ponía música a todo: a su vida, a sus emociones y como no, a lo que escribía. En el caso de sus poemas, era como si cada verso llevase asociado un patrón musical, una especie de doble dimensión, y por doble me refiero a como lo son, en física, el Espacio y el Tiempo; en el que sus ritmos, tanto silábicos como musicales, estarían en una perfecta dualidad sincronizada. Pero para ser sinceros, yo no veía nada de especial en sus poemas, así que supuse que sería como si una  mente savant hubiese intentado que las sílabas, el tempo, la escala, o lo que fuera encajasen de alguna forma matemá(t/g)icamente en un único tejido espacio-temporal y que éste además tuviese textura, sabor, color y tono musical. ¡Ah! Que me ahogo. Y yo, simple mortal, tan sólo podría disociarlos para percibir cada rasgo por separado, uno a uno, pero nunca jamás juntos. Él tenía sinestesia musical y yo, para descifrarla, imaginación y letras. ¿Sabes lo que es antidisociativo? —me...

Sobrevivir

En este mes se cumple un año del momento en el que decidió levantarse de una maldita vez. No lo consiguió, pero el intento tampoco fue en vano. ¿Cómo serlo si la vida son momentos y aquel, sin duda, fue uno de ellos? Sí, fue (en) aquel camino. Y sí, hablo de él. Así que allá vamos. Todo comenzó como le surgían las grandes ideas: dando un largo paseo por las afueras, a solas, por campos y caminos de albero improvisados por ciclistas de montaña. De aquel día, ¿que podría contarte de uno de sus sábados cualesquiera? Un aburrido e infinito trayecto de más dos horas. Puf, lo que puedo decirte es que fue allá perdido cuando desconectó por completo del paisaje que le rodeaba. ¡Cielos! Fue tan de repente, tan irreal como real, que de un insight comprendió su vida. Los árboles, los cultivos, la tierra... todo estaba ahí sin estar él, sí, ahí, una especie de ahí sin mí; tal como suena. Estaba siendo foráneo de su propia percepción, de su propia existencia. Estaba sintiendo la ext...

Viveza

El fuerte viento de aquellos días le había hecho sentir muy vivo. Era una sensación extraña pero fortificante, algo que le llevaba a hacerse preguntas existenciales. Su vivacidad y energía no se debían al viento, sería absurdo, sino a la sensación de placer que estaba experimentando por cada nimio detalle al que se exponia. Todo tenía un matiz emotivo, placentero o, en los casos más extraños, ambivalente. — Entonces, ¿era así como se sentía una persona en su día a día? ¡Qué afortunados!—se decía a solas en lo alto de una colina repleta de una plantación de girasoles.  No había vida humana a kilómetros. Sólo él, sus pensamientos y sus sensaciones.  Sí, sensaciones. Llevaba tantos años sintiéndose tan apagado que ahora todo le resultaba tan impactante como lo es exponerse a un colorido lienzo de un artista obsesionado por el detalle.  — ¿Y ésta emoción? Yo diría que es felicidad—pero, ¿cómo saberlo a ciencia cierta? Es como decir que el primer cuadro que ves de un ...