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Épocas

Desde que las notas musicales ya no le sonasen igual ha pasado casi una década. Ahora, en general, nada suena igual. No es la composición, es un problema enraizado a cierta profundidad, quien saben en que capa terrestre, pero sé que escapa a lo metafísico de un acorde o de un tono de voz. Somos épocas. Y es duro aceptarlo. Mira, chica, regresaron los bigotes y las gafas de abuela redonda. Perplejo ando. Pero todavía no está todo perdido. Hay que enderezar y subirse la capucha, negar el entorno y seguir trotando. Porque nosotros existimos, justo aquí y ahora, y enloqueceremos para que todo vuelva a la normalidad. Debe ser así. Me encuentro escuchando música de finales de los 90 y principios de los 2000, pero hay que retroceder mucho más para regresar a la moda de los bigotes o de las estrellas como Michael Jackson. Diría que los primeros están cerca de la época de Freddy Mercury y, los segundos, en conciertos de Taylor Swift. Pero lo estoy contando todo mal y del revés. Este post es una mierda. Si fuera cantante, por comparar, este escrito no pasaría de primera maqueta escondida en el desván por vergüenza ajena. Y volviendo a las notas musicales (porque venía a escribir sobre ello) me reafirmo en que siendo esclavos de nuestra época, también hay esclavos allá, junto a nosotros, atascados y regresando una y otra vez a lo que les emocionó o entristeció, muy a pesar de coexistir con aquel/la ex que ya ni está. Termino el post. Suena Aerosmith y le doy a enviar porque, aunque sea una mierda de escrito, hay que azotar a las esclavas, esclavas que suenan como aquellas notas musicales, invariantes, solo que extrañamente a ella no le sonaron igual. Fin. Sin puntos. Sin comas. Bye. 





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